Este domingo 31 de mayo se celebrará la primera vuelta del proceso de elecciones presidenciales en Colombia. Hay 11 postulantes a la Casa de Nariño, pero la disputa se ha reducido a tres principales contendores: Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia.
Según sondeos, el candidato oficialista, el izquierdista Cepeda, lidera la intención de voto con un 38% de apoyo en promedio. De la Espriella, un outsider de extrema derecha, se acerca al segundo lugar con alrededor del 28%. La senadora Paloma Valencia, representante de la derecha tradicional, aparece con un 18%. Ninguno de estos candidatos alcanzaría el 50% necesario para ganar en primera vuelta, lo que apunta a un balotaje programado para el 21 de junio.
Iván Cepeda Castro, del partido oficialista Pacto Histórico, se ha posicionado como un defensor de los derechos humanos, motivado por la violencia que ha marcado su vida. Su campaña se centra en la reforma agraria, abordando la concentración de tierra rural y desigualdad territorial, temas cruciales en un país con alta concentración de tenencia de tierra, según un estudio de Oxfam.

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Por su parte, Abelardo de la Espriella, conocido como “El Tigre”, ha construido su imagen como un defensor de la patria y el orden. Su programa de gobierno, titulado “Patria Milagro”, se enfoca en propuestas de castigo y mercado, apelando a un discurso nacionalista y de confrontación política. Además, su estilo de campaña incorpora elementos de la estética digital disruptiva.
Finalmente, Paloma Valencia, heredera de una familia política, ha optado por una estrategia más moderada. Su programa “Colombia Más Grande” busca recuperar el control estatal y se centra en la crítica al gobierno actual, abordando temas como la inseguridad y la crisis institucional. A diferencia de sus oponentes, Valencia se presenta como una figura capaz de corregir el rumbo del Estado, lo que refleja su enfoque más centrado en la política tradicional.
Con estas dinámicas, las elecciones en Colombia se perfilan como una contienda significativa en la que los candidatos deben conectar con un electorado que busca respuestas a sus preocupaciones más apremiantes.

