Una de las hazañas más épicas del deporte chileno fue cuando la selección nacional consiguió el tercer puesto en una Copa del Mundo, en 1962, año en que el país albergó la cita global. Este logro devolvió la felicidad a una sociedad golpeada, ya que la nación pasaba por un momento complejo debido a un devastador terremoto.
El camino para acoger el Mundial comenzó un par de años antes. Fue el 10 de junio de 1956 cuando el Congreso de la FIFA realizado en Lisboa, Portugal, determinó que Chile sería la sede. Una votación que resultó con 32 votos a favor de la propuesta, mientras que otros 10 querían que se hiciera en Argentina. La gesta fue impulsada por los dirigentes deportivos Carlos Dittborn, Juan Pinto Durán y Ernesto Alvear, quienes se enfrentaron a grandes desafíos, especialmente tras el terremoto de 1960 que devastó gran parte del país.

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A pesar de las dificultades, el Presidente Jorge Alessandri Rodríguez anunció que el evento se llevaría a cabo a pesar de la falta de inversiones estatales para reparar los estadios dañados. Los jugadores dirigidos por Fernando Riera Bauzá partieron el torneo llenos de ilusiones, logrando victorias memorables en la fase de grupos, incluyendo una contra Italia, aunque sufrieron una derrota ante Alemania.
En las semifinales, Chile cayó ante Brasil, quien terminaría ganando el Mundial. Esto llevó al equipo chileno a enfrentarse a Yugoslavia para definir el tercer y cuarto puesto en el Estadio Nacional, ante más de 66 mil personas. El partido fue intenso y equilibrado, pero en los últimos minutos, Eladio Rojas marcó el único gol del encuentro, desatando la celebración del público y asegurando el triunfo por 1-0. Gracias a esta victoria, Chile obtuvo el tercer lugar del Mundial de 1962, convirtiéndose hasta hoy en la mejor actuación de la selección chilena en la historia de las Copas del Mundo.

