El mismo día que Ornella Uribe se disparó, su madre, Rosita, vivió una serie de “situaciones extrañas”. Mientras se encontraba en Freirina, a más de dos horas de La Serena, donde estaba su hija, Rosita intuyó lo que había ocurrido. A la mañana del 15 de mayo, un oficial de Carabineros tocó su puerta, y ella repitió en su mente “yo lo sabía, yo lo sabía”. La tragedia dejó claro que Ornella había estado sufriendo de violencia intrafamiliar a manos de su pareja, Esteban, un hombre 25 años mayor que ella.
Ornella había experimentado un cambio radical en su vida desde que conoció a Esteban. Su forma de vestir se volvió más austera, y comenzó a aislarse de amigos y familiares. El control y las agresiones aumentaron, con golpes que quedaban visibles en su cuerpo y un impacto psicológico que transformó su personalidad. La madre, consciente de la situación, había interpuesto una denuncia, pero la violencia continuó y culminó en un trágico desenlace.
El 15 de marzo, Ornella fue trasladada a un departamento de Carabineros tras una orden de alejamiento contra Esteban. Sin embargo, la situación no mejoró. A pesar de los intentos de su madre y amigas por ayudarla, Ornella sintió que no podía escapar de su relación abusiva. La desesperación de su madre creció cuando perdió el contacto con ella tras un viaje a Argentina con Esteban.
La muerte de Ornella ha llevado a sus amistades y familiares a exigir justicia bajo la Ley Antonia. Esta ley busca proteger a las víctimas de violencia de género y tipificar el suicidio femicida. La directora del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género ha señalado que se están recolectando antecedentes para esclarecer lo sucedido. “Queremos que este caso se investigue con perspectiva de género”, afirmaron sus amigas, enfatizando la necesidad de no normalizar el control y la violencia psicológica.
A pesar de los esfuerzos por obtener respuestas, Carabineros no ha emitido comentarios sobre el caso. La familia de Ornella sigue buscando justicia y respuestas, mientras que el contexto de violencia que vivió se expone como un llamado a la acción para todas las mujeres que enfrentan situaciones similares. La Ley Antonia podría convertirse en un instrumento crucial para prevenir futuros casos de violencia de género.


