“Ha sido muy revelador ver quién es mi gente”, expresó el chileno-estadounidense Kyle Adler tras el emotivo reencuentro con su madre biológica. Este momento significativo llegó después de un duro proceso personal, en el que Adler descubrió que era uno de los bebés robados durante la dictadura de Augusto Pinochet. Residente en Denver, donde lidera gimnasios, Adler vivió durante años una crisis de identidad al conocer su origen, revelado gracias al rastreo de ADN realizado por diversas organizaciones.
Adler fue adoptado por una familia en Chicago en 1990, cuando apenas tenía 9 meses. Aunque reconoce el amor y el cuidado que recibió de sus padres adoptivos, también se siente en deuda con su historia y la búsqueda de su madre biológica. “Mis padres no me robaron, no me pusieron a Kyle por maldad”, comentó, señalando que ellos actuaron con la mejor intención, sin conocer las circunstancias que rodearon su adopción.

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Marcos Antonio Navarrete, el nombre que le fue dado al nacer, es parte de una historia de dolor y búsqueda. Ana María Navarrete, su madre, lo dio a luz a los 19 años en Coronel, Región del Biobío. A lo largo de los años, ella vivió la angustia de la desaparición de su hijo, quien supuestamente fue entregado a una pareja estadounidense gracias a la gestión de un sacerdote local. Aunque no se confirmó la existencia de una red de adopciones ilegales, su madre eventualmente renunció a la búsqueda, viviendo años difíciles.
A inicios de 2017, Adler encontró esperanza al unirse al grupo de Facebook “Nos Buscamos”. Tras contactar a la ONG del mismo nombre, su historia fue confirmada en tres meses. Luego de un largo proceso de preparación emocional, decidió viajar a Santiago en febrero pasado. Allí, se reencontró con su madre biológica y pasó tiempo con ella en Coronel, donde también obtuvo una copia de su certificado de nacimiento original y conoció a uno de sus cuatro hermanos, sumando una nueva dimensión a su vida familiar.

