Un proyecto científico internacional entre Brasil, Magallanes y la Antártica busca descifrar el potencial biotecnológico y climático de las algas australes. Investigadores exploran aplicaciones en carbono azul, biomarcadores y compuestos farmacológicos. Este esfuerzo, financiado por la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo, cuenta con un presupuesto de cerca de US$1,4 millones y reúne a cerca de 30 grupos de investigación de Brasil, Chile, Francia y Estados Unidos. El proyecto, denominado PROASA, se centra en la biodiversidad poco estudiada de los ecosistemas que rodean el Cabo de Hornos. Según Pio Colepicolo, uno de los investigadores principales, el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) es fundamental para acceder a esta biodiversidad. La investigación busca responder a la pregunta de qué posibilidades pueden ofrecer los ecosistemas de algas desde aguas tropicales hasta ambientes subantárticos y antárticos. Durante una expedición al canal Beagle, los investigadores encontraron condiciones ambientales extremas que las algas deben enfrentar, como la presencia de agua dulce sobre el agua marina debido al deshielo glaciar. Esto obliga a las algas a sobrevivir a profundidades de entre ocho y diez metros, un entorno que, según Colepicolo, ningún laboratorio puede reproducir. Las algas no solo son organismos marinos, sino que actúan como archivos biológicos del cambio climático. Además del monitoreo ambiental, el proyecto busca aplicaciones económicas concretas. Las algas son capaces de sintetizar omega-3 de forma natural y producir compuestos con potencial farmacológico y cosmético. El equipo investiga métodos de extracción verde que minimizan residuos y permiten obtener aceites y extractos útiles como suplementos alimentarios. También se están desarrollando metodologías para medir cuánto carbono capturan y almacenan las algas, algo esencial para futuras estrategias de créditos de carbono marinos. El camino desde el laboratorio hasta el mercado es largo y costoso, y el equipo es consciente de que se necesitan inversiones significativas para escalar sus descubrimientos. A pesar de los desafíos, el proyecto PROASA se posiciona como una iniciativa clave para entender y aprovechar la biodiversidad de las algas australes en un contexto global de cambio climático.


