Durante décadas, los brazos pequeños del Tyrannosaurus rex fueron uno de los mayores misterios de la paleontología moderna. Ahora, un equipo de investigadores internacionales de la University College London y la Universidad de Cambridge ha encontrado finalmente una respuesta. Este hallazgo cambia de forma radical la visión científica sobre uno de los dinosaurios más famosos y temidos de todos los tiempos.
El estudio analizó 82 especies distintas de dinosaurios terópodos, conocidos por sus huesos huecos y extremidades con tres dedos funcionales. Los investigadores descubrieron que los brazos pequeños no eran exclusivos del T-rex, sino que aparecieron en al menos cinco grandes especies de dinosaurios depredadores.

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La conclusión a la que han llegado los expertos desmonta la principal teoría de que los brazos pequeños eran una consecuencia accidental de tener el cuerpo enorme. En realidad, este rasgo estaba muy relacionado con la evolución de los cráneos enormes, mandíbulas poderosas y mordidas mortales. Según los científicos, estos depredadores comenzaron a depender cada vez más de la cabeza para atacar y sujetar a presas gigantescas.
Los investigadores piensan que este cambio estuvo relacionado con la aparición de presas más grandes durante el Mesozoico, especialmente enormes dinosaurios herbívoros como los saurópodos. Intentar inmovilizar animales de decenas de toneladas con los brazos dejó de ser eficaz. En su lugar, el T-rex evolucionó hacia una estrategia más agresiva basada en embestidas y grandes mordidas.
Este estudio revela que el cráneo del T-rex se volvió más compacto y resistente a los ataques, mientras que la potencia de su mandíbula alcanzó niveles enormes. Algunos estudios calculan que su mordida podía ejercer una presión superior a los 35.000 newtons, una de las más fuertes conocidas en animales terrestres.

