La movilidad avanza hacia la sostenibilidad. La electrificación del parque automovilístico es una realidad, aunque el proceso sea más lento de lo esperado. Sin embargo, muchas empresas siguen apostando por la combustión o buscan alternativas a los eléctricos, considerando las reticencias de los usuarios respecto a la autonomía y precio de estos vehículos. En este contexto, el hidrógeno se presenta como una alternativa prometedora.
Imagina un coche que solo emite vapor de agua, que puede repostar en minutos y que tiene la autonomía de un vehículo de gasolina. Esta es la promesa de las pilas de hidrógeno, pero hasta ahora enfrentaban un gran obstáculo: la necesidad de estar húmedas para funcionar, lo que limitaba su rendimiento a temperaturas más altas. Un reciente estudio de la Universidad de Monash (Australia), publicado en la revista Science Advances, ha logrado superar esta barrera con una membrana ultrafina que opera a 250 °C sin necesidad de agua.
El avance se basa en una membrana combinada de grafeno y nitruro de boro, donde se ha introducido ácido fosfórico de manera nanoconfinada. Esto permite que los protones se desplacen rápidamente sin la necesidad de agua, creando una conductividad altísima y una estructura estable incluso en condiciones extremas. Este método elimina la complejidad de mantener la membrana húmeda, lo que aumenta la fiabilidad y reduce costos.

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Trabajar a 250 °C trae consigo varias ventajas significativas. Se puede prescindir de sistemas de humidificación, lo que simplifica el diseño y la gestión del vehículo. Además, a alta temperatura, el catalizador se ensucia menos, permitiendo el uso de hidrógeno de menor pureza. Esto no solo mejora la eficiencia, sino que también abre la puerta a una producción más económica de hidrógeno.
Este avance no se limita a automóviles; las pilas de hidrógeno pueden alimentar también centros de datos, aviones y trenes, convirtiéndose en una solución robusta y versátil para diferentes aplicaciones. La investigación sugiere que estas nanoláminas pueden ser útiles para separar moléculas de agua y reducir emisiones de CO₂, lo que las convierte en una herramienta prometedora para la energía limpia del futuro.
La Universidad de Monash ha demostrado que es posible crear una membrana que funcione eficientemente a altas temperaturas sin agua, lo que podría cambiar radicalmente nuestra comprensión de la energía limpia. Aún queda camino por recorrer para implementar esta tecnología en vehículos de producción, pero este avance representa un paso significativo hacia la movilidad sostenible.

