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Escuelita Chepuja: Iniciativa que transforma la educación en Altamira

La Escuelita Chepuja combate la desigualdad educativa en Antofagasta.

En el 2020, en medio de la pandemia del Coronavirus, nació “La Escuelita Chepuja”. Esta organización comunitaria, parte de la Corporación Cultural La Toma, tiene como objetivo combatir la desigualdad educativa en el campamento Altamira, utilizando un modelo pedagógico que se basa en la disciplina y el afecto entre estudiantes y profesores. Durante sus seis años de labor, esta iniciativa ha transformado la vida de niños, niñas y adolescentes a través de programas de estimulación temprana, nivelación escolar y preparación para estudios superiores.

Las clases abarcan desde niños de un año hasta jóvenes de 18 años, quienes participan en un espacio dedicado exclusivamente a la educación dentro del campamento. Las instalaciones están divididas en estaciones donde se imparten asignaturas como matemáticas, inglés, historia y comprensión lectora. Según Marcela Mercado, presidenta de la Corporación Cultural La Toma, las metodologías incluyen enfoques lúdicos e integrales, como los que utiliza Elena Martínez, Magíster en Educación, quien enseña inglés a los más pequeños de manera dinámica.

La escuela también ofrece acompañamiento personalizado para aquellos estudiantes que están a punto de postular a la universidad. Un ejemplo de esto es el trabajo de Francis Espinoza, doctora y académica, que brinda tutorías y apoyo a los estudiantes en su proceso de ingreso a la educación superior.

“La Escuelita Chepuja” genera un impacto multidimensional en la comunidad, al reducir la desigualdad en el acceso a herramientas educativas. Además, colabora con la alimentación al proporcionar desayunos antes de las clases de fin de semana. Los resultados de este esfuerzo se hicieron evidentes durante la celebración del Día del Alumno, cuando los jóvenes mayores prepararon y distribuyeron alimentos a los más pequeños, enfatizando la enseñanza de que “aprender también es servir”.

El proyecto comenzó como un punto de lectura dominical, pero la motivación de un niño de siete años que deseaba aprender a escribir su nombre llevó a su formalización, reuniendo a cerca de 80 estudiantes. El nombre “Chepuja” honra al poeta antofagastino Sergio Riquelme, quien amaba los libros y el saber.

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