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Cómo cuidar a hermanos influye en el desarrollo emocional infantil

Las experiencias de cuidar a hermanos pequeños moldean habilidades sociales desde la infancia.

Ayudar a cuidar a un hermano menor se convierte en una de las primeras experiencias de aprendizaje emocional durante la infancia. Un artículo científico publicado en la revista _Current Opinion in Psychology_ revisa cómo las relaciones entre hermanos influyen en el desarrollo de conductas prosociales como ayudar, compartir y consolar. Este estudio, elaborado por investigadoras de las universidades de Cambridge y Otago, analizó investigaciones previas sobre el desarrollo infantil en el contexto de las relaciones entre hermanos.

Las autoras observaron que la convivencia diaria entre hermanos crea un ambiente propicio para aprender a interpretar emociones, negociar conflictos y colaborar. La revisión indica que los hermanos ofrecen una relación distintiva en comparación con amigos o padres, ya que, especialmente en casos de diferencias de edad, los hermanos mayores asumen roles de cuidado y enseñanza desde temprana edad.

El estudio divide el análisis en tres conductas principales: consolar, compartir y ayudar. En el caso del consuelo, se menciona que la llegada de un nuevo hermano puede ser una oportunidad para que el hijo mayor adopte un rol activo de cuidado y protección. Las interacciones entre hermanos, como juegos y discusiones, permiten que los niños comprendan mejor las reacciones de los demás.

Respecto al acto de compartir, la revisión describe a los hermanos como los primeros compañeros de juego, donde aprenden a dividir juguetes y negociar reglas. Un hallazgo importante del estudio indica que los niños de tres años que compartían con frecuencia con sus hermanos mayores tendían a compartir más con desconocidos a los seis años. Además, los padres desempeñan un papel crucial, ya que sus intervenciones durante conflictos pueden ayudar a enseñar normas sociales y resolver desacuerdos.

En cuanto a las conductas de ayuda, los hermanos mayores suelen asumir funciones de enseñanza y cuidado. Las investigadoras también mencionaron diferencias culturales, donde en algunas sociedades los hermanos mayores participan más en el cuidado cotidiano. Por otro lado, se observó que en familias con niños que tienen enfermedades crónicas, los hermanos reportan mayores niveles de empatía y conductas prosociales, aunque una carga excesiva de cuidados puede afectar negativamente su bienestar.

En conclusión, aunque las relaciones entre hermanos no son indispensables para el desarrollo prosocial, ofrecen un entorno intenso para practicar conductas de cooperación y empatía. A medida que los niños crecen, la influencia entre hermanos cambia, comenzando con el cuidado y el consuelo, y evolucionando hacia el compartir y la enseñanza. Las autoras resaltaron la necesidad de más estudios longitudinales para entender cómo estas influencias evolucionan a lo largo del desarrollo infantil.

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