La adolescencia puede sentirse como un terremoto para muchas familias. Cambios de humor, respuestas impulsivas y la sensación de que lo que funcionaba antes ya no sirve son comunes. Sin embargo, el neurocientífico David Bueno ofrece una explicación biológica a estos comportamientos. En el podcast El Consultori, Bueno reflexiona sobre el impacto de las pantallas en el desarrollo del cerebro adolescente, señalando que “en el cerebro de un adolescente pesan más las horas que los adultos pasamos delante del teléfono en su presencia que su propio exceso de consumo.”
Durante la adolescencia, el cerebro experimenta una metamorfosis radical. Algunas áreas ganan conexiones neuronales mientras que otras las pierden, lo que puede resultar en comportamientos contradictorios. Según Bueno, la amígdala, la corteza prefrontal y el estriado son las tres áreas clave que explican por qué los adolescentes buscan intensidad y rompen límites. Esta combinación de factores también ayuda a entender su inestabilidad emocional.

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Uno de los momentos más reveladores de la conversación se centra en la agresividad y los estallidos emocionales. Bueno afirma que “el origen de la rabia siempre es una amenaza que sienten que no pueden evitar”, lo que sugiere que es crucial entender los miedos subyacentes en lugar de solo enfocarse en la conducta visible. Además, critica la creencia común entre los adultos de que ellos tenían todo claro durante su adolescencia, afirmando que “el cerebro nos engaña” y que olvidamos los momentos de confusión.
Respecto al uso de dispositivos móviles, Bueno señala que aunque las redes sociales influyen en el cerebro adolescente, el enfoque del debate suele ser erróneo. Un estudio reciente indica que el tiempo que los padres pasan mirando sus teléfonos impacta más en el cerebro adolescente que las horas que los propios jóvenes pasan en sus pantallas. “Llegan a casa y ya nos encuentran mirando el teléfono”, lamenta, enfatizando la necesidad de interacción personal y comunicación entre padres e hijos. Bueno concluye que la adolescencia no es un problema, sino una etapa vital para el desarrollo de la identidad y la autonomía, instando a los padres a disfrutar de esta fase de la vida de sus hijos.

