El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido reactivar el histórico “Presidential Physical Fitness Award”, un examen físico escolar que ha sido parte de la educación pública estadounidense durante décadas. Esta medida, implementada mediante una orden ejecutiva firmada en 2025, busca reinstalar las pruebas físicas anuales en colegios del país y recuperar un enfoque centrado en la competencia y la disciplina física.
La prueba, conocida como “Presidential Fitness Test”, fue creada durante el gobierno de Dwight D. Eisenhower, en plena Guerra Fría, debido a la preocupación de que los niños norteamericanos tenían peor condición física que los europeos. Esta iniciativa fue reforzada por John F. Kennedy, quien vinculó la actividad física con la identidad nacional y la preparación militar. La prueba evalúa resistencia, fuerza, flexibilidad y agilidad a través de ejercicios como correr una milla y realizar flexiones.

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Sin embargo, el sistema fue eliminado en 2013 por críticas que argumentaban que promovía la humillación y la competencia excesiva entre niños. Durante la administración de Barack Obama, se reemplazó por el “Presidential Youth Fitness Program”, que priorizaba hábitos saludables. Ahora, Trump sostiene que el aumento de la obesidad y las dificultades de reclutamiento militar justifican el regreso de la prueba.
Críticos de esta medida cuestionan su efectividad, señalando que las pruebas por sí solas no generan hábitos saludables permanentes. Expertos advierten que pueden provocar experiencias negativas en estudiantes con menor desempeño físico. A pesar de las críticas, la Casa Blanca planea expandir el programa a más escuelas del país, comenzando con 161 instituciones en instalaciones militares.
La reintroducción de esta prueba es un tema polémico que refleja las diferentes perspectivas sobre la educación física y la salud infantil en la sociedad estadounidense actual.

